LA PROTESTA. Entre la instrumentalización y la autodeterminación. (Artículo publicado en El Aguijón en sus tres últimos números, http://elaguijon-klavandoladuda.blogspot.com)

Publicado: 07/04/2012 en Noticias

LA PROTESTA. Entre la instrumentalización y la autodeterminación.

El presente desahogo analítico tiene por objeto reflexionar sobre ciertos cambios en las acciones de protesta. En este, metemos en un mismo costal las marchas, los mítines, las concentraciones y demás acciones realizadas por diversos grupos aglutinadas bajo el nombre de protesta social y popular.  No queremos establecer derroteros de como protestar; queremos específicamente debatir sobre las pérdidas y las ganancias que subyacen en las nuevas formas de manifestación del descontento, que al parecer, evidencian el olvido del lado negativo del proceso de emancipación humana, es decir, la destrucción. Mediante tres entregas o apartados invitamos a discutir individual y colectivamente sobre el uso de la violencia.

I.
Reflexiones en torno a la nueva mentalidad del protestante.
Esto es una protesta. Es un escrito que condensa un reproche. Reproche surgido de algunas reflexiones individuales y colectivas frente a las últimas manifestaciones, marchas y actos de protesta que se han llevado a cabo en la ciudad de Medellín, y que lamentablemente, nos han evidenciado y reforzado la idea de que por un lado, hay una reglamentación, mecanización e institucionalización de algo polimorfo y sin reglas estáticas como lo es (o lo era) protestar, pero por otro lado, la indignante certeza de que hay un cambio de mentalidad en los sujetos que protestan, es decir, al menos en el plano de las significaciones, la claudicación de la rebeldía se viene reforzando con la estatización de la lucha.

Aquel cambio de mentalidad aludido se expresa cuando dentro de los mismos “protestantes” se afirma lo siguiente: los culpables de que no resuenen las demandas sociales y por lo tanto no se resuelvan tales reclamaciones son los encapuchados, los que pintan, los apedreadores, los que hacen que las papas exploten, los que quiebran ventanales, los violentos. Nada más falso pero demasiadamente inteligente al menos para el mantenimiento del statu quo. Se ha asimilado con poca resistencia el dictado de que la culpa no debe recaer sobre los originadores del problema, sino más bien en los reclamantes, los cuales no saben reclamarle a los que originan el problema. Aterricémoslo pues este asunto a nuestro contexto.

En lo que podemos llamar la nueva mentalidad del protestante encontramos varios elementos que merecen ser debatidos y rebatidos:

  • Las decepciones generadas por la no efectividad de los actos de protesta están reduciendo todo al problema de la comunicación o al menos a ¿Cómo se verá a la luz de la opinión pública?, ¿Saldrá por el periódico o por los medios masivos de comunicación? ¿Qué dirá la gente? ¿Entenderán nuestro mensaje? El espejismo producido por la imprecisa idea de la opinión pública ha generado ciertos imaginarios en los protestantes: el uso de la violencia es reprochable en todas sus manifestaciones y modalidades, debe primar el reconocimiento estatal e institucional del objeto de la protesta, y por lo tanto, conviene casi exclusivamente utilizar los mecanismos jurídicos y democráticos para protestar. ¿La rebeldía ha claudicado ante la democracia?
  • Es evidente la auto-limitación de los sujetos que protestan. El descontento y la  materialización de las  acciones de protesta encuentran un freno interno y ya no tan externo como la represión y la distorsión. En las últimas manifestaciones del descontento social en cuanto a la producción y reproducción de statu quo se ha dejado entrever que el efecto de opresión se ha diseminado dentro del individuo y los grupos; ahora el papel de policías es asumido por los mismos participes de la protesta, por ejemplo cuando se canta: “el que raye no quiere a la U” “Sin violencia, sin violencia” etc., en muchos casos ya existen encargados de frenar a los que rayan las paredes  y los símbolos del poder, y peor aún, cuando los mismos manifestantes se colocan de escudos humanos dando la espalda al opresor para que mediáticamente se diga que todo fue pacifico. ¿Los opresores solo reprimen porque se les provoca? ¿Se ha desplazado el papel del criminalizador hacia el individuo que protesta?
  • Todo fundido en la masa. La seguridad que ofrece la multitud ha permitido la realización de variadas acciones de protesta. Por un lado la introducción de herramientas artísticas como el performance y el teatro a la manifestación del descontento, y por el otro, las pintas, pegada de carteles, sabotajes a fachadas con pintura, quiebra de ventanales de bancos, edificios oficiales y paraderos de bus, ataque a la policía y el ESMAD con explosivos, piedras y pintura, entre muchas otras acciones. Cuando hablamos de “todo fundido en la masa” hablamos de la no proliferación de estos actos por fuera de la multitud inclusive en nuestra vida cotidiana. Lo cuantitativo, es decir, la suma de muchas personas refuerza el imaginario de que solo es posible actuar de estas formas en marchas o en manifestaciones grandes. Ha ido quedando en el olvido que la lucha es todos los días y que individuos o grupos pueden en cualquier momento ejecutar acciones directas de protesta y de destrucción por fuera de los límites de la multitud ¿solo actuamos contra el poder cuando convocan a una manifestación? ¿somos rebeldes en la multitud de la marcha y sumisos en nuestra vida diaria?

Nuestra intención no es pasar por alto ni hacernos los ciegos frente a muchos de los problemas que pueden surgir en cualquier acto de protesta contra el gobierno, la economía o el poder, pero tampoco creernos los jueces juzgadores de todas las conductas de los manifestantes. Por el contrario, nos queda la tarea de analizar y reflexionar nuestras acciones cotidianas del ¿cómo hacer?, pero  haciendo simultáneamente, imaginando, probando. Y probablemente para malestar de muchos hemos encontrado más que el predominio de la violencia sin sentido en la protesta, la penosa constatación de que nuestras acciones de rebeldía no rasguñan al poder porque las realizamos según sus reglamentaciones. El derecho a la protesta más que abrir una vía nos ha cerrado las más importantes, hacer sin permiso y atacar efectivamente a nuestros opresores.

II.
En la primera parte de este desahogo analítico identificábamos varios aspectos que dan cuenta de una nueva mentalidad del protestante, pero algo nos hizo falta. Si bien encontramos ciertas características y las pusimos en debate, nunca hablamos de su posible origen, es decir, ¿Qué fenómenos o hechos sociales han podido influir en la subjetividad del protestante y por ende en la manera de materializar su protesta? De igual modo, hay que reconocer que la claudicación de la rebeldía por parte las nuevas generaciones de protestantes o al menos las poco lesivas manifestaciones de ésta, no son una característica generalizada.

Aunque no muy notables aún, también existen mentes no democratizadas que no sucumben ante la seducción que el poder ha venido construyendo a través de uno de sus producto más complejos: la democracia, y por lo tanto, se enfrentan directamente ante el gigantesco desarrollo de la dominación. Para esta ocasión nuestra mira se dirigirá pues hacia la democracia como factor de la claudicación aludida.

Democracia, capital y autoridad, tres enunciados complementarios.

Frente a todos los mitos y esperanzas que ha podido despertar el término democracia principalmente para los individuos de los dos últimos siglos tenemos que reflexionar varios aspectos.

La construcción histórica de la democracia como producto burgués, como régimen político y su fuerte influencia en los imaginarios de las últimas generaciones, ha permitido la configuración progresiva del sentimiento de inclusión y aceptación. De tal modo, se concibe a ésta como el estado de cosas menos conflictivo en la cual se pueden dar las relaciones sociales.

La mayoría de grupos que otrora fueron adversarios de la autoridad y del capital y sus diferentes mecanismos como las insurrecciones, las revueltas, las huelgas generalizadas, los sabotajes, los atentados, entre otros, fueron seducidos por la aparente belleza del gobierno del pueblo. Claro está, después de cruentas guerras, de dictaduras, de servilismo, de esclavitud y de crisis económicas, los pilares de la democracia van tomando más fuerza gracias a su aparente capacidad de inclusión y participación ciudadana.

Contrario a esto, observamos que la democracia es el filtro por el cual los intereses y las acciones de los poderosos son asimilados por los gobernados sin mayor obstáculo, y recíprocamente, las protestas y reclamaciones de los últimos son absorbidas por el poder instrumentalizando y reglamentándolas mediante sus mecanismos.

La totalizadora  idea de la ciudadanía ha logrado generar la sensación de que no hay diferencias radicales entre los individuos frente a la ley y la participación. En tal sentido, aspectos como la división en clases sociales  o la existente entre gobernantes y gobernados son aplastadas por la premisa de que todos somos iguales frente a la ley. Se parte de una igualdad formal más no material y solo se alude a la diferencia de ideas, es decir, que la democracia se mueve porque no todos pensamos igual.

La estafa de los derechos y las libertades nos ha insertado en el mundo de los mecanismos y procedimientos jurídicos y estatales. El legalismo y su mar de reglas son utilizados en contra de las personas como cuando se hace uso de ciertos derechos como el de la protesta, ejemplo: Si carece de vivienda puede protestar, pero si protesta puede ser reprimido para conservar la tranquilidad de la demás gente que no protesta, entonces es mejor que se busque un partido político o movimiento ciudadano y guarde sus esperanzas de que en las próximas elecciones  gane el que contenga sus demandas y reivindicaciones, ¿Y que genera esto? más que ganancias en el camino a la emancipación lo que produce es legitimidad del statu quo. Los que se oponen y los que protestan ya tienen un reglamento que cumplir para que se les reconozca como tales, y en tal medida, no existen rebeldes ni contradictores sino meros ciudadanos reclamantes de derechos violados supuestamente ya adquiridos.

Los verdaderos participantes en la democracia son los poderosos; la competencia por el manejo del Estado es lo que la resume. Los banqueros, los militares, los industriales, los mafiosos, los comerciantes, es decir, todo ese universo de burgueses de todas las esferas son los que realmente deciden y gobiernan. Hemos creído en la inclusión y la participación solo porque el voto universal potencia la sensación de que los gobernados organizan  el orden de su propio gobierno.

Finalmente, en términos de ganancias para la dominación, la democracia como evocación de la pasividad generalizada, ha influenciado  en gran medida los cambios subjetivos y las formas de actuar de los nuevos sujetos que protestan. Es en la penetración y adopción de la mentalidad democrática donde encontramos uno de orígenes que explican las inquietudes que nos hemos planteado frente a la protesta y los sujetos que protestan, a fin de cuentas, la producción y reproducción de una mentalidad atada al yugo de la libertad reglamentada.

III.
El presente apartado, el cual comprende la parte final de esa triada que intenta poner en el seno mismo de la rebeldía un debate acerca de la protesta hoy, tiene como objetivo presentar algunas ideas y reflexiones con respecto del uso de la violencia en la lucha por la libertad. Este tema tan importante además de polémico en todos los círculos que se propone, a nuestro parecer no debe ser excluido. La invitación no es pues a encontrar en los métodos violentos las únicas vías que pueden acercarnos a nuestra meta final: La libertad e igualdad de los individuos y de su medio social. Tiene como cometido comprender que la violencia es una herramienta o táctica de lucha más no un fin en sí misma.

Esperamos pues que estos párrafos que en cierta medida se quedan cortos en cuanto al espacio, si miramos que muchos rebeldes en toda la historia pasada ya han reflexionado este tema, nos ayuden a construir una visión crítica acerca de las acciones violentas sin sacar conclusiones tan a la ligera las cuales versan en reprochar todo acto violento o en justificarlos todos. ¡No! Si entendemos la naturaleza y el sentido que particulariza a cada uno, luego los increparemos o reivindicaremos. En tal sentido, trataremos de responder las siguientes inquietudes: ¿en que se basan los nuevos sujetos que protestan para apartarse de ciertos usos de la violencia? y ¿qué podemos aportar nosotros sobre el uso de esta a manera de conclusión?

Reflexiones en torno al uso de la parte negativa de la emancipación: la destrucción.

En la nueva mentalidad del protestante construida a partir de la influencia ejercida por la democracia como sistema de nociones subjetivas que refuerzan la evocación de la pasividad generalizada en las últimas décadas, el uso de la violencia es totalmente reprochado. Incluso tal influencia ha distorsionado a tal punto el sentido, que dentro de los sujetos protestantes a los que nos referimos se considera rayar una pared, lanzar un insulto, pegar un cartel y pintar con pimpones un supermercado o banco como sinónimo de violencia. Tales acciones deben ser para ellos algo que no puede tener cabida dentro de las marchas o las manifestaciones; eso será lo único que podrán medio controlar. Que decir pues cuando se oyen las papas, se huelen los gases, se ven las capuchas y las pistolas, se sienten las balas de goma o plomo y se saborea la sangre.

Lo que preocupa no es su radical idea de pacifismo, pues consideramos que esta a la vez legitima sin ser conscientes de ello el guerrerismo de otros. Lo que debe alarmarnos es que la nueva mentalidad del protestante no se fija en la pistola que lleva el policía, en la tanqueta que escolta la marcha, en los bolillos y bombas con todas las funciones posibles (aturdidoras, de fragmentación, de muerte, etc.), ni tampoco en los infiltrados reales, y decimos reales porque los policías no van a protestar, ellos van a hacer inteligencia, en cambio la generalidad de los enmascarados si van a protestar, ¿se puede ser infiltrado cuando uno forma parte integrante real en lo que supuestamente se infiltra? Se está más pendiente de fiscalizar a los otros protestantes que la posible represión policial.

Cuando afirmamos que no se presta atención a estas cosas, lo que queremos decir es que creen que si las protestas se llevaran a cabalidad en los términos pacíficos que ellos defienden se habrá conseguido el objetivo. Entonces la culpa recae pues, en que si el marchante no se sabe comportar dentro de las normas y reglamentaciones dispuestas en la protesta como derecho jurídico, es que la pistola y los gases se disparan, las capturas se justifican, y los maltratos son merecidos. Reivindicar el pacifismo sin al mismo tiempo pensarse y reprochar cuál es la función de la policía, del ESMAD y de sus armas cuando escoltan todo tipo de protesta es legitimar inocentemente la violencia estatal, la cual puede que en ese caso no se ejerza pero en muchos otros ámbitos diferentes a las protestas sí es pan de cada día. O ¿acaso sólo reprochan a los enmascarados protestantes ya que saben que si lo hicieran o los dirigieran a la policía no surgiría ningún efecto más que la represión?

¿Qué podemos aportar nosotros sobre el uso de la violencia a manera de conclusión?

Las acciones violentas son un medio más no el camino. Son una herramienta y como toda herramienta, si hacemos la analogía, un martillo no sirve para serruchar una tabla. Saber cuándo realizarlas y tener en cuenta las consecuencias que estas acarrean es demasiadamente importante. Citando al italiano E. Malatesta: “La violencia es justificable solo cuando es necesaria para defenderse a uno mismo o a los demás de la violencia […] El esclavo siempre está en un estado de legítima defensa, así que su violencia contra su patrón, contra el opresor, está siempre moralmente justificada y tiene que ser regulada sólo con el criterio de su utilidad y de la economía del esfuerzo humano y de los sufrimientos humanos.”

En tal sentido es que consideramos el uso de la violencia como una herramienta que está ahí presente, algo para tener en cuenta, está sujeta al ¿cómo? se nos presentan los problemas, a ¿cuál? es la forma y ¿cuándo? es el momento más adecuado para superar por medio de ella el problema. Y por problema no nos referimos a cualquier impase en nuestras vidas cotidianas con otras personas, nos referimos a los problemas graves de la sociedad, es decir, la represión, las injusticias, los asesinatos, la miseria, las desigualdades y demás consecuencias de vivir dominador por el poder del Estado y el capital.

El nuevo sujeto protestante que se ha venido evidenciando en las últimas acciones de protesta y por ende su mentalidad, siente una fascinación sólo por el grito y los efectos de este, por la cámara, por el qué dirán, por el reconocimiento oficial y social de que se comportó a la altura de un buen ciudadano, y no por otras acciones y tácticas igualmente justas frente a las injusticias que los aseguradores de los derechos del ciudadano, es decir, la democracia, la policía y el Estado generan.

Todo este desahogo analítico o protesta frente a los que protestan, trató de responder siempre la pregunta ¿Qué es protestar? debido que observábamos las múltiples respuestas que le dan los sujetos que la ejercen como medio. Sin lograr una respuesta única nos acercamos a otros temas y a otras reflexiones. Aun así, finalmente encontramos una respuesta a dicha inquietud inicial: cuando protestar implica permisos, cubrimiento de medios, y seguir conductos regulares, pues entonces protestar no significa nada.

Por: il ribelli.

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comentarios
  1. cams188 dice:

    Interesante. Sin embargo creo que se dejan de lado algunos juicios de valor, en los que al parecer desinteresadamente incurre el autor, cuando juzga la actitud de lxs demás protestantes y de las autoridades de policia. Que la violencia sea un medio no es una idea nueva, y mucho menos revolucionaria. Para el Estado sigue siedo un medio. En ese plano, es tan justificada la violencia estatal como la violencia de la protesta, pero ¿y frente a las víctimas de la violencia? ¿habrá alguna diferencia en el juicio de valor que merezca el resultado cuando ella -la violencia- proviene de un policia o de un protestante? Creo que no. El juicio es el mismo. Por ello comparto el uso de instrumentos de protesta, distintos, variados, y comparto la necesidad de desvincular la protesta del margen de autorización estatal y mediatización. Pero no comparto la violencia, ninguna violencia, sea cual sea el fin. El sistema, la democracia, el derecho y la política ofrecen espacios. Yo de ellos no aprovecho ninguno. El sistema educativo ofrece otros. Estos me parecen más interesantes. Las artes. Los comparto en su totalidad. Ahora, una hermosa rayada es un fino acto de protesta. Romper un cristal es un sutil acto de desobediencia.

  2. Como participe del periódico el aguijón deseo expresar la satisfacción que
    me produce saber que nuestras reflexiones y pensamientos, emanados desde
    una perspectiva anarquista, tienen resonancia en otras mentes. La frase
    que acompaña al periódico el aguijón, “klavando la duda”, surge,
    precisamente, con la intención de generar una visión contraria a la
    impuesta por la gran prensa, además de comprender un mundo cada vez más
    oscuro.
    Ahora bien, la pasión destructora se convierte en pasión creadora, decía
    un viejo ruso a finales del siglo xix. Las distintas formas de
    manifestación popular pueden coincidir con momentos históricos muy
    determinados. El movimiento estudiantil que hizo reversar el proyecto de
    reforma a la ley 30, sorprendió por las diversas formas de manifestar su
    inconformidad por dicha reforma. 15 segundos de fama que demostraron que
    eran tan solo eso, fama!
    El debate está abierto. Del estado no esperamos nada. Sabemos que su
    existencia se ha prolongado mediante la guerra perpetua hacia los que no
    tenemos nada, que se ha fortalecido con los grandes empresarios
    favoreciéndolos, que ha creado ejércitos regulares e irregulares para
    eliminar a quien se interponga entre sus intereses, que expropia las
    tierras de campesinos, indígenas y afrodescendientes para entregarlas a
    multinacionales, que crea centros de exterminio para acallar la voz
    disidente, que estigmatiza y criminaliza al que reclama o reivindica un
    derecho, que se postra a los intereses de gobiernos extranjeros mediante
    acuerdos comerciales desiguales, que privatiza empresas publicas dejando
    sin trabajo a miles de personas, que condena a los jóvenes sin futuro a
    enfilarse en cualquier ejercito ya que es el camino mas fácil de salir de
    la pobreza, que tiene como política el desplazamiento de millones de
    compatriotas que se ven obligados a deambular por las calles de las
    principales ciudades, que llenan nuestras mentes con mentiras y, pensar
    que en el marco de cualquier manifestación se quema un cajero o se rompen
    los vidrios de un asqueroso banco o atacar a la policía es violencia, debo
    de decir que coincido con mi compañero cuando expresa: “protestar no
    significa nada”

    Zero

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